Curso 2010-11: Tu Palabra pone color al mundo

 

Ya lo decía san Francisco: No haríamos nada con decir qué es hermosa, principal, básica, indiscutible, es la Palabra si luego no la acogiéramos, trabajáramos, leyéramos, rumiáramos, en nuestra vida. esta reunión apunta al profesorado, a los “agentes” que transmiten la Palabra, las buenas palabras. Enamorarse de las palabras no es una vaciedad; es una senda hermosa de auténtica espiritualidad. Luego, sobre ella, se construirá la fe en la Palabra de Dios. Trabajos en las raíces, en lo básico, en lo fundamental.

 

  1. La fuerza de las palabras

 

         Decimos que estamos hartos de palabras. Y es cierto: estamos hartos de palabras vacías, engañosas, traidoras, llenas de dobles, palabras que no se cumplen, palabras que hieren, palabras que están adobadas de falsedad. Más hartos aún deberíamos estar.

Pero cuando las palabras encierran detrás una vivencia, la cosa es distinta: tienen, aún hoy (sobre todo hoy), una fuerza con la que nos arrastran, un brillo con el que nos cautivan, una alegría que se contagia. Tony Judt decía: “Si las palabras caen en el deterioro, ¿quién las sustituirá? Son todo lo que tenemos”. Y, bien mirado, no le falta razón. Cuando las palabras tienen vivencias dentro, arrastran los corazones porque ponen en claro lo que uno/a siente en turbio.

Un docente desencantado de las palabras tiene muy mal plan. Porque, al fin y al cabo, su vida (no solo su ciencia) se transmite en palabras. Por eso han de ser humanas, fraternas, constructivas. Por eso nos conviene creer en la palabra. Y, de ahí, en la PALABRA.

 

  1. Palabra eficaz

 

         Los creyentes decimos que la Palabra de Dios es eficaz, que lo que dice se realiza. Voy a leeros un texto de la carta a los Hebreos 4,12-13a: “La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que una espada de dos filos, penetra hasta la unión de alma y espíritu, de órganos y médula, juzga sentimientos y pensamientos. No hay nadie que escape a su mirada, todo está desnudo y vulnerable a sus ojos”. Es un texto de un cierto componente conminatorio, casi amenazador. Pero es cierto: la Palabra, asumida, apreciada, rumiada, deseada, es viva y nos ayuda a vivir; vuelve más eficaces nuestros caminos humanos; es penetrante, nos vuelve profundos; hace una obra de iluminación, de clarificación, en nuestros sentimientos y pensamientos; estamos desnudos ante ella, pero esa desnudez nos purifica y fortifica.

¿Para qué es eficaz la Palabra?

  1. Para sosegarnos: porque andamos tan atareados, activos y dispersos, que la Palabra nos puede calmar por dentro, nos puede serenar. Es como escucharle a Él (a Jesús) en una tarde tranquila a la orilla del Lago de Galilea.
  2. Para ahondar: porque somos muy superficiales y la Palabra, lenta y fraternamente, hace que uno vaya apuntando a sus adentros, a sus verdades, a sus valores reales.
  3. Para acompañar: porque la Palabra quiere paliar la radical soledad en la que se mueve la vida, e incluso las otras soledades que se nos van adhiriendo en nuestro caminar.
  4. Para dinamizar: porque nos paramos, nos cansamos, nos sentimos derrotados, nos cerca la depre y el desaliento. La Palabra estimula, alienta, da ilusión.
  5. Para humanizar: sobre todo para eso, porque ese es su objetivo primero, su anhelo real, a eso apunta. Cuanto más se asimila la Palabra con buen corazón, más humano/a se es.
  6. Para relacionarnos: porque a la Palabra le interesa, sobre todo, las buenas relaciones entre las personas y con la creación. Creer en la Palabra demanda ser humano y relacionarse bien.
  7. Para cantar en la noche: las muchas noches en las que vamos (personales, familiares, sociales…). Cantar en la noche hace que la oscuridad sea vencibles.
  8. Para construir: ya que estamos muchas veces tentados de destruir, de destruirnos. La Palabra empuja en la otra dirección.
  9. Para amar: en definitiva, éste es su logro mayor: hacer más fuerte, real, vivo, amable, encandilante el amor entre las personas y con las cosas. Es el test para medir la verdad de nuestra conexión con la Palabra.

¿Nos parece que si es eficaz para esto nos es que sea muy eficaz? Tal vez porque medimos la eficacia por lo que se toca, vale, pesa y cuenta. Pero si la midiéramos por el deseo real de vivir, nos parecería altamente eficaz.

 

  1. Una escucha activa

 

         Como toda palabra, para que produzca frutos de humanidad, la Palabra tiene que se escuchada, rumiada, acogida, amada, abrazada. Si únicamente es dicha, proclamada, leída, estudiada, no hemos llegado al lugar bueno, a la playa de la intimidad donde se viven las cosas hermosas de esta vida.

Esa escucha ha de ser activa, personalizada, trabajada. Si la pretensión de que la Palabra dé color a nuestra vida será algo vacío, un deseo en las nubes. Proponemos algunos cauces de escucha activa, personalizada:

  • Lee el Evangelio de cada día: Ten en tu mesilla el librito del Evangelio de cada día y échale un vistazo por la noche.
  • La Palabra en los grupos: si perteneces a un grupo cristiano, que la palabra esté presente en todas vuestras reuniones, de una forma u otra.
  • Grupos bíblicos: quizá tengas cerca un grupo bíblico (parroquial, de comunidad…) intégrate por unos meses en él a ver cómo te va.
  • Lee el evangelio de Marcos todo seguido: Es corto, léelo unas veces durante este año, subráyalo.
  • Lleva un NT en el bolso: que te acompañe, que sepas que está ahí, que puedas hojearlo de vez en cuando.
  • Ora con la Palabra: por ejemplo, con algunos salmos que te gusten. Uno a la semana.
  • Relatos para personas no religiosas: la Palabra es de todos. Lee textos del NT que te digan algo, las parábolas por ejemplo, con ojos humanos.
  • Métete en las campas del plan de pastoral: no las veas como algo desde fuera. Aprovecha cuando la Palabra suena en ellas.
  • Plantéate un retiro con la Palabra: ¿por qué no? Un día de sosiego con la Palabra te puede venir estupendamente.
  • Ve alguna película buena: El Evangelio de san Mateo de Pasolini, Jesús de Montreal, u otras.

 

Epílogo

 

Habría que entender y vivir la Palabra no como algo frío, sino como algo cálido, como un pan, tierno y nutriente, que se come con gusto, como un verdadero manjar. Terminamos con un hermoso poema de José A. Valente:

Como pan vino la palabra,
como fragmento de crujiente pan
fue dada,
igual que pan que alimentase el cuerpo
de materia celeste.
Vino, compartimos su íntima sustancia
en la cena final del sacrificio.
Y nos hicimos hálito, sólo soplo de voz.
Palabra, cuerpo, espíritu.
El don había sido consumado.

 

SAN FRANCISCO
El que escuchó bien y se llenó del color de Dios.

LA INMACULADA
María, la mujer oyente.

SEMANA VOCACIONAL
¿Qué color quieres ser tú?

ADVIENTO
Dios habla a nuestro corazón.

NAVIDAD
En la noche brilla el color de Dios

LA PAZ
Pintemos un mundo de color.

SEMANA SOLIDARIA
Todos los colores son importantes.
Concierto solidario: La armonía de los colores.

CUARESMA
Escuchemos, en el silencio,

PASCUA
Dios llena nuestra vida de color.

MARÍA Y MADRE FRANCISCA
Si escuchamos podemos responder.
Pintoras de Dios.